El 2 de septiembre podría llevarse a cabo allí una operación para la que hasta 4.700 personas tendrían que abandonar sus casas a partir de las 8:00. El motivo es una desactivación de bomba planificada al detalle. Ya un día antes, durante los trabajos de excavación, se comprobará si se trata efectivamente, como suponen los expertos, de una bomba sin explotar con una espoleta aún operativa. El perímetro de seguridad previsto abarca 1.000 metros, el nivel freático en el punto del hallazgo debe rebajarse de antemano y ya hoy 28 contenedores marítimos, reconvertidos en barrera antiesquirlas, protegen las viviendas colindantes.
"Todas las medidas preparatorias encajan unas con otras. Cada una es necesaria para que podamos dejar al descubierto la bomba sin explotar en condiciones de seguridad y para que el servicio de desactivación de explosivos pueda proceder a neutralizarla", explica Jan Fielitz, jefe del departamento de protección contra incendios, en un comunicado del Ayuntamiento de Oranienburg. La bomba se encuentra a unos seis metros y medio bajo tierra. Competente para operaciones de esta magnitud es el Kampfmittelbeseitigungsdienst del estado de Brandeburgo, el servicio de desactivación de explosivos conocido por sus siglas KMBD.
El contexto histórico es el siguiente, a comienzos de 1942 el mando militar británico decidió bombardear ciudades alemanas. El precedente de los bombardeos de área fueron los devastadores ataques aéreos alemanes sobre Londres y Coventry o Varsovia. Hasta 1945 los aliados bombardearon alrededor de 150 ciudades alemanas, con más de medio millón de muertos.
Oranienburg está considerada hoy la localidad más afectada de Alemania por bombas de la Segunda Guerra Mundial. Los expertos creen que todavía hay entre 200 y 270 grandes bombas sin explotar enterradas. La explicación se encuentra en la propia historia de la ciudad, Oranienburg albergó las Auer-Werke, en las que los aliados sospechaban que se procesaba uranio, además de las fábricas de aviones Heinkel y una estación ferroviaria de gran importancia estratégica. El 15 de marzo de 1945 la Octava Fuerza Aérea estadounidense lanzó el ataque aéreo más devastador contra la ciudad y arrojó miles de bombas, una parte considerable de ellas equipadas con espoletas químicas de retardo prolongado.
Estas espoletas estaban diseñadas para detonar deliberadamente entre 12 y 48 horas después del impacto, con el objetivo de alcanzar a los equipos de rescate y desescombro y de desmoralizar a la población. Sin embargo, debido a las particularidades del suelo de Oranienburg, muchas bombas giraron al penetrar en la tierra y el mecanismo de disparo no funcionó como estaba previsto, las bombas quedaron activas pero no llegaron a explotar.
Eso es precisamente lo que hace que la situación siga siendo tan delicada hoy. El diputado regional socialdemócrata Björn Lüttmann explica a Euronews: "Ya se han producido algunas autodetonaciones en el casco urbano, afortunadamente sin heridos. Que las bombas sin explotar pueden detonar no es, por tanto, un riesgo abstracto, sino una realidad que afecta a la vida cotidiana en la zona". Los expertos en municiones coinciden: "Si no se localizan las bombas sin explotar, tarde o temprano se producirán autodetonaciones".
(es.euronews.com)