Historia Ejército de Colombia
Cañón de Montaña Ehrhardt de 75 mm.

www.fuerzasmilitares.org (05MAY2019).- La artillería de hoy en día gracias a todos los desarrollos tecnológicos en el sector es capaz de dar en el blanco a un objetivo que esté a 40 kilómetros de distancia, en cualquier escenario, las 24 horas del día y con cualquier tiempo siendo en la guerra regular y, en algunos casos, en la guerra irregular un elemento indispensable en el desarrollo de las operaciones que lleve a cabo cualquier ejército en el mundo para dar apoyo a las unidades en tierra en el momento de requerir tal apoyo. Sin embargo, no se puede olvidar que las capacidades actuales de la artillería no se lograrían sin un proceso previo de al menos siete siglos de evolución artillera.

Abanico artillero de las guerras civiles

Con la entrada del siglo XX Colombia estaba inmersa en la peor guerra civil de su historia republicana, conocida como la guerra de los 1000 días, al término de esta en 1903, la separación de Panamá y la llegada a la presidencia de Rafael Reyes se da el escenario perfecto para que 1907 llegara al país la Misión Militar chilena, con el fin de profesionalizar el ejército a partir de una directriz prusiana, pero el estado de la artillería para ese momento no era bueno, ya que se usaba la heterogénea artillería propia del siglo XIX adquirida a lo largo de todas las guerras civiles que vivió Colombia, contándose con algunos cañones Whitworth de 3 libras y de 2 ½ libras, cañones Bange, cañones Krupp, algunos “cañones de cobre” sin especificación alguna y 15 ametralladoras Gatling, estas últimas de procedencia francesa y estadounidense, pero todo este material estaba en un terrible estado de conservación, por no decir que eran inútiles para estar en servicio.

Los peruanos se toman La Pedrera

En 1911 Colombia aún no había definido la mayoría de sus fronteras, una de las que estaba en disputa era la que separaba el sur de Colombia con el norte de Perú. Colombia, tradicionalmente siempre fiel al derecho internacional y a los tratados que suscribía no desarrolló una política de defensa propia para reaccionar ante un ataque de un ejército de otro país y por ello fue asaltada por sorpresa la posición colombiana de La Pedrera a orillas del río Caquetá por parte de tropas peruanas a manos del Teniente Coronel Oscar Benavides el 10 de julio de 1911 e hizo retirar finalmente de la posición al general colombiano Isaías Gamboa junto con sus hombres, debido a que el general colombiano no contaba con el apoyo político que le permitiera mantener una cadena logística propia de aprovisionamiento de municiones, alimentos, medicinas, ni el armamento adecuado para enfrentarse a las tropas peruanas, por lo que únicamente el valor de los hombres los mantuvo en pie hasta el 12 de julio, aguantando 3 días de lucha.

Tras lo ocurrido en la Pedrera, se vio la necesidad de dotar al ejército de armamento propio del nivel de aquellos años, se reunió para ello recursos provenientes de privados y donaciones de municipios, y para 1912 se conforman dos comisiones de armas, la primera comisión de armamento menor, tenía la tarea de comprar fusiles y munición, esta compró en Austria el fusil Máuser 7mm modelo 1912, y la segunda comisión estuvo a cargo de adquirir armamento mayor de artillería, la segunda comisión escogió el cañón de montaña Ehrhardt de 75mm producido en Dusseldorf, gracias a que tenía buena publicidad dentro de los altos círculos del Estado Mayor del Ejército colombiano, pero ante la escases de recursos solo se lograron comprar apenas cuatro unidades, además de sus municiones. 

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Parte trasera del cañón de montaña Ehrhardt de 75mm con el escudo protector y remolcado por mulas, posiblemente a finales de los años 20 o años 30, en la Plaza de Bolívar en Bogotá.

Cañones de montaña para mover por el territorio Nacional

A principios de siglo XX la manera de movilizarse en Colombia aparte del tren, los vapores y las barcazas que iban por los ríos, era a pie o en mula por entre trochas; las carreteras no existían, con la excepción de unas cuantas y muy cortas, una de ellas, era la carretera que conectaba a Bogotá con Santa Rosa de Viterbo, en Boyacá, o de la carretera de Bogotá hasta Facatativá, así que no era idóneo adquirir artillería tirada por caballos para ser supuestamente transportada sobre sus propios ejes, por buenas vías, como se hacía en aquella época por los ejércitos europeos, por ello era importante que el cañón fuese pensado para ser operado en montaña y se descompusiera en partes, facilitando así su transporte a lomo de mula, por lo que un cañón de un calibre de varios centímetros o de una gran longitud no habría sido nada cómodo para los operadores del cañón al momento de transportarlo por entre las trochas del país. 

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Parte de una pieza de artillería transportada en mula durante ejercicios en los años 30 o 40.

El cañón Ehrhardt tenía unas dimensiones reducidas, podía doblar su cureña para tener una pieza con una dimensión mucho menor o  simplemente desarmarse en algunas partes y facilitar así su transporte, tenía un peso de unos 1030 kilos que podía aumentar o disminuir en caso de acoplarle un escudo protector en el frente encargado de proteger a sus cuatro sirvientes, tenía un largo de 2,28 metros cuando estaba extendido, un sector de elevación de -5° a +16, sector de dirección de 6°, su boca era capaz de acertar blancos a 5850 metros, gracias a que podía disparar un proyectil de 6,35 kilogramos a 510 metros por segundo y tenía una cadencia de tiro de 8 granadas por minuto. 

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Cañón de montaña Ehrhardt de 75mm con la cureña doblada.

Cabe señalar acá que la casa Ehrhardt logró tener un gran éxito y hacerse un buen nombre con su cañón de montaña de 75mm, si se mira que vendió varias unidades a varios países, como Noruega, país que en 1901 adquirió 132 unidades que operaron hasta bien entrados los años 40, o incluso, hubo una versión modificada para el Ejército británico, del cual compraron 108 unidades para el desarrollo de operaciones contra los Boers, pero el éxito de la casa Ehrhardt y sus cañones fue invisibilizado por el gigante del acero alemán Krupp, que con su influencia política en toda Europa y sus cañones de tamaño desproporcionado coparon las trincheras con granadas de artillería a los enemigos de Alemania durante la Primera Guerra Mundial. 

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Uno de los cuatro cañones de montaña Ehrhardt de 75mm expuesto en el Museo Militar en Bogotá.

El oficial del ejército Gustavo Rojas Pinilla quien fue después en 1953 Presidente-dictador de Colombia, mientras fue Alférez, Subteniente y Teniente muy posiblemente gracias a sus destacables conocimientos en matemáticas e ingeniería fue instruido, operador y comandante de alguno de los cuatro cañones Ehrhardt en los años en que este estuvo en servicio en el Batallón N°1 de artillería en Bogotá o “grupo Bogotá” como también se le conocía. 

Lamentablemente, debido a los pocos recursos, la intensión de dotar el arma de artillería con más cañones Ehrhardt o similares de montaña disponibles en el mercado no se llegó a concretar. Los cuatro cañones Ehrhardt comprados en 1912 eran las única armas de artillería funcionales con las que contaba el Ejército colombiano en el año 1932 cuando nuevamente fuerzas peruanas atacaron en el sur, esta vez la posición de Leticia.

Conflicto en el Sur

En el momento en que se da inicio a las operaciones militares en el Sur contra las tropas peruanas, se movilizan allí los cañones de montaña Ehrhardt de 75mm  junto con su munición, y al menos dos de estas piezas vieron acción en el combate de Guepí el 26 de marzo de 1933, en el que tropas colombianas toman por sorpresa esa posición a las tropas peruanas.

En paralelo al desarrollo de las operaciones militares y la lucha diplomática el gobierno colombiano por medio de diferentes mecanismos logró hacerse con una partida de dinero con la que realizó una serie de compras con las cuales dotó a los soldados que estaban en el Sur del país, dentro de las muchas compras se logró concretar una con la casa Skoda por cuarenta cañones de montaña de 75mm modelo 1928 que vendrían con la munición correspondiente del tipo “Shrapnel”, tales cañones llegaron al país a finales de 1933, para llegar a contar un total de 44 cañones de montaña ese año en los inventarios del ejército. 

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Cañón de montaña Skoda de 75mm modelo 1928 en los años 30.

Batería de Costa

Para 1933 el general chileno Francisco Javier Díaz quien trabajaba como asesor militar para Colombia durante el conflicto con el Perú, algunos altos mandos militares colombianos y el ministro de Guerra de la época, Carlos Uribe Gaviria, llegaron a plantear la posibilidad de que fuerzas peruanas llevarían a cabo un ataque marítimo y posterior desembarco en la costa pacífica colombiana, para luego tomar las bases aéreas posicionadas en esa costa y utilizarlas para atacar ciudades al interior del Colombia, como Pasto, Popayán o Cali, y aunque, si bien el gobierno colombiano vio poco probable que se diera un ataque por la costa pacífica igualmente se destinó el dinero necesario para  comprar algunos cañones navales de defensa de costa de segunda mano a Inglaterra para evitar cualquier ataque o desembarco.

Los cañones navales de defensa de costa eran cañones de gran diámetro ideados para ponerse en la costa y dispararle a las unidades navales del enemigo, con el fin de destrozar su blindaje para dañarlos o hundirlos. Los cañones de defensa de costa comprados fueron posicionados durante el conflicto en el puerto de Buenaventura y en el municipio de Tumaco, ubicados en un dispositivo de defensa ante cualquier intento de toma por parte de tropas peruanas. Nuevamente aparece el futuro presidente-dictador Gustavo Rojas Pinilla con el grado de capitán en 1933 como comandante de una de las baterías y como ingeniero encargado de algunas obras de adecuación para las piezas durante el conflicto con el Perú.

Con cuatro cañones de montaña Ehrhardt, cuarenta cañones de montaña Skoda modelo 1928 y un número indeterminado de cañones de defensa de costa el Ejército de Colombia en sus inventarios finalizó el año de 1933. 

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Vista trasera del cañón naval de defensa de costa comprado durante el conflicto con el Perú.

Conclusiones:

Como se puede ver las capacidades artilleras solo eran tenidas en cuenta en el momento en el que las situaciones adversas de seguridad al país así lo requerían y no se tenían los medios necesarios para que la artillería estuviera preparada para la acción.

El conflicto con el Perú de 1932 sirvió en gran medida para fortalecer las capacidades artilleras del Ejército colombiano, e iba más allá de comprar simplemente cañones de montaña al comprar cañones de defensa de costa pensando en un escenario de conflicto mucho mayor, contrastando con lo ocurrido en 1911 que solo sirvió para darle un pequeño empujón a la artillería en cuanto a material.

La idea de adquirir cañones de montaña por las adversidades que representa la movilización de artillería de mayor dimensión se mantuvo por muchos años, demostrando el atraso en las vías de comunicación por las que vivía Colombia por aquellos años y además muestra esto que las capacidades militares de un país están directamente relacionadas con en el desarrollo de su infraestructura.

Fuentes escritas:

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Centro de Estudios Históricos del Ejército. Apuntes históricos, Ministros de Guerra y Defensa de Colombia. Bogotá: Imprenta Nacional de Colombia, 2018.

Doudebes, Pedro J. 1911. Cañón Ehrhardt. Memorial del Estado Mayor del Ejército de Colombia. Bogotá: Imprenta Nacional. Año 1, cuaderno 1.

Esquivel Triana, Ricardo. Neutralidad y Orden. Política exterior y militar en Colombia, 1886-1918. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2009.

Galvis, Silvia y Alberto Donadio. El jefe supremo: Rojas Pinilla en la violencia y el poder. Bogotá: Planeta, 1988.

Máquinas de combate. Enciclopedia de las armas del siglo XX. Artillería de campaña de la Primera Guerra Mundial. Madrid: Planeta Agostini, 1984

Máquinas de combate. Enciclopedia de las armas del siglo XX. Artillería de campaña de la Segunda Guerra Mundial. Madrid: Planeta Agostini, 1984.

Manchester, William. Las Armas de los Krupp. Barcelona: Editorial Bruguera, 1969.

Lemaitre, Eduardo. Rafael Reyes. Biografía de un gran colombiano. Bogotá: Editorial Norma, 1994.

Pinzón Bueno, Juan Carlos y Juan Fernando Rodríguez. Tras los pasos de un combatiente de dos siglos. Historia de las Fuerzas Armadas de Colombia 1880-1945. Bogotá: Editorial Planeta colombiana S.A., 2016

Uribe Gaviria, Carlos. La verdad sobre la guerra. Vol. 1. Bogotá: Cromos, 1935.

Uribe Gaviria, Carlos. La verdad sobre la guerra. Vol. 2. Bogotá: Cromos, 1936.

Valencia Tovar, Álvaro, director académico. Conflicto Amazónico 1932/1933. Bogotá: Villegas Editores, 1994.

Fuentes oficiales:

Rengifo, Ignacio. Informe del ministro de Guerra a las honorables cámaras legislativas. Bogotá: Taller del ministerio de Guerra, 1928.

Fuentes electrónicas:

  • 1911. El conflicto de la Pedrera

http://www.asisucedio.co/el-conflicto-de-la-pedrera/

  • Combate Naval de Pedrera

https://www.marina.mil.pe/es/cultura/efemerides/7/?acont=combate-de-naval-de-pedrera

  • Ametralladoras pesadas en el Ejército de Colombia. 1885-1954

http://www.fuerzasmilitares.org/opinion/9193-ametralladoras-origenes.html

  • Las armas checoslovacas en el Ejército colombiano. 1924-1937

http://www.fuerzasmilitares.org/opinion/8667-artilleria-skoda.html

 

David Sarmiento Rojas
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Historiador de la Universidad Javeriana (en formación)