Científicos rusos han alcanzado después de más de tres décadas de trabajos de perforación en la Antártida el lago Vostok, que se encuentra a unos tres mil 760 metros bajo el hielo y acoge el agua más pura y antigua del planeta.

"Al fin hemos superado la capa de hielo que cubre el lago", aseguró hoy un portavoz del Instituto de Investigaciones Árticas y Antárticas, con sede en San Petersburgo.

Los científicos rusos habían reanudado hace más de un mes la perforación del hielo, a razón de entre 1 y 4 metros diarios, que cubre el Vostok, lago que ha estado sellado durante millones de años.

"Probablemente se trate del agua más pura y antigua del planeta. No tenemos pruebas directas, pero sí datos de que la superficie será estéril, aunque en el fondo del lago habrá formas de vida como termófilos y extremófilos (microorganismos que viven en condiciones extremas)", asegura Valeri Lukín, el jefe de la expedición rusa.

Según Lukín, los resultados de la exploración del lago antártico serán fundamentales para el estudio del cambio climático en la Tierra durante los próximos siglos, ya que el Vostok es una especie de termostato aislado del resto de la atmósfera y de la superficie de la biosfera durante millones de años.

Además, subrayó que los expedicionarios "saben a ciencia cierta que el Vostok alberga agua desde que alcanzaron la profundidad de tres mil 583 metros, ya que a partir de ahí el hielo se forma no a partir de la nieve, sino de la evaporación del agua".

Con cerca de 300 kilómetros de largo, 50 de ancho y casi mil metros de profundidad en algunas zonas, el Vostok es una masa de agua dulce en estado líquido que se encuentra en el epicentro del sexto continente, como se conoce la Antártida.

Tiene una superficie de 15 mil 690 kilómetros cuadrados, similar a la del siberiano Baikal, la reserva de agua dulce más grande del mundo, y es el lago subterráneo de mayor tamaño entre los más de cien que se encuentran bajo el hielo antártico.

Descubierto en 1957 por científicos soviéticos, ha sido incluido en la lista de los hallazgos geográficos más importantes del siglo XX.

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El Centro español de Astrobiología (CAB) realizará dos proyectos de investigación en la base antártida "Gabriel de Castilla", en Isla Decepción, para probar métodos e instrumentos que en un futuro podrían servir en la detección de vestigios de vida microbiana en exploraciones planetarias. 

Además de este proyecto de detección de biomoléculas, los investigadores del CAB, que partirán el 25 de enero, estudiarán el impacto del cambio climático en algunos microorganismos. 

El centro de investigación señaló hoy en un comunicado que es conocida la fortaleza de los microorganismos para proliferar en ambientes considerados extremos, como aguas a altas temperaturas o aguas muy saladas con temperaturas inferiores a diez grados bajo cero. 

Esto ha hecho pensar en la posibilidad de encontrar formas de vida similares en otros cuerpos planetarios del Sistema Solar, como Marte, la Luna o Júpiter, en los que pueden darse condiciones semejantes. 

Según el CAB, el estudio geomicrobiológico de los ambientes extremos terrestres es un requisito para evaluar la posibilidad de vida actual o ya extinta en ambientes análogos de otros planetas. 

La isla Decepción, en la Antártida, es volcánica, con una historia de erupciones reciente y ofrece diferentes escenarios extremos para la proliferación de la vida. 

Por esas razones, el Centro de Astrobiología envía dos equipos de investigación para, además de investigar sobre detección de restos de vida microbiana en exploración planetaria, estudiar el impacto del cambio climático sobre los patrones microbianos y cómo la alteración de estos afecta a su vez al clima y a su propia evolución. 

En el proyecto para la detección de restos de vida microbiana se probará el instrumento SOLID3, desarrollado por el CAB y que detecta microorganismos y moléculas biológicas mediante un biosensor (según el CAB, actualmente se trabaja con la NASA para proponer que SOLID forme parte de una misión a Marte). 

Con el otro programa, se llevarán a cabo diferentes muestreos en zonas de glaciares de Isla Decepción. 

El grupo de investigadores que se trasladará a la Antártida posee datos realizados en estudios previos sobre diversos glaciares europeos en los que se ha observado una correlación entre la disminución en la biodiversidad microbiana y la regresión del hielo glacial.

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Estados Unidos y Rusia inspeccionarán conjuntamente instalaciones extranjeras en la Antártida para asegurarse de que los compromisos medioambientales y de otra índole del Tratado de la Antártida de 1959 se cumplen, informó el sábado el departamento de Estado norteamericano.

Un equipo rusoestadounidense viajará a la Antártida entre el 23 y el 28 de enero para supervisar estaciones extranjeras, instalaciones y equipamiento, dijo el organismo.

"El equipo rusoestadounidense revisará el cumplimiento de todas las partes de sus obligaciones, incluyendo las relativas a limitar el impacto ambiental, asegurarse de que la Antártida se utiliza sólo con fines pacíficos y que las partes honran la prohibición de medidas de naturaleza militar", sostuvo.

Esta sería la primera inspección conjunta de ambos países para revisar el cumplimiento del tratado de 1959 y su protocolo de medioambiente. La última inspección de Estados Unidos fue en 2006.

Actualmente 49 países son signatarios del tratado, que establece a la Antártida como una reserva científica donde está prohibida la actividad militar.

Firmado en 1991, el protocolo medioambiental incluye evaluaciones de impacto ambiental y gestión de residuos, y designa áreas protegidas con el fin de salvaguardar el medio ambiente marino de la región así como su flora y fauna.

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Científicos rusos están a punto de extraer el agua más pura y antigua del planeta en el lago Vostok, ubicado bajo los hielos de la Antártida, informó hoy a Efe Valeri Lukín, jefe de la expedición antártica de Rusia. 

"Reiniciamos la perforación del hielo antártico el 2 de enero. En este tiempo hemos avanzado 16 metros", señaló Lukín, subdirector del Instituto de Investigaciones Árticas y Antárticas (IIAA), con sede en San Petersburgo. 

Aunque se desconoce con exactitud la profundidad máxima a la que se encuentra el lago, el científico confía en que en las próximas semanas el perforador, que el pasado año superó 70 metros de grueso hielo en menos de un mes, llegue a su destino. 

"Estamos en tres mil 736 metros y podrían faltarnos entre 10 y 50", dijo Lukin, quien indicó que utilizaron el método sísmico y la radiolocalización para calcular esos datos, cuyo margen de error es de unos 20 metros. 

Lukin explicó que la expedición rusa llegó a la Antártida el 28 de noviembre y que dedicaron más de un mes a preparar los equipos y analizar los cambios experimentados por el hielo para reanudar la perforación. 

"El hombre no puede descender a tanta profundidad. Además, el radio del agujero que traza la perforadora es de unos 137 milímetros, por lo que en ningún caso cabría un ser humano", matizó. 

El pasado año la expedición rusa se vio obligada a aplazar sus trabajos debido al aumento de la presión y el descenso de las temperaturas, lo que formó cristales de hielo que obstruyeron su avance. 

El Vostok (Este), lago que ha estado sellado durante millones de años, acoge un ecosistema único que está saturado de oxígeno con unos niveles 50 veces superiores a los del agua dulce. 

"Probablemente se trate del agua más pura y antigua del planeta. No tenemos pruebas directas, pero sí datos de que la superficie será estéril, aunque en el fondo del lago habrá formas de vida como termófilos y extremófilos (microorganismos que viven en condiciones extremas)", aseguró Lukín. 

Según los científicos rusos, los resultados de la exploración del lago antártico serán fundamentales para el estudio del cambio climático en la Tierra durante los próximos siglos, ya que el Vostok es una especie de termostato aislado del resto de la atmósfera y de la superficie de la biosfera durante millones de años. 

Con cerca de 300 kilómetros de largo, 50 de ancho y casi mil metros de profundidad en algunas zonas, el Vostok es una masa de agua dulce en estado líquido que se encuentra en el epicentro del sexto continente, como se conoce la Antártida. 

Tiene una superficie de 15.690 kilómetros cuadrados, similar a la del siberiano Baikal, la reserva de agua dulce más grande del mundo, y es el lago subterráneo de mayor tamaño entre los más de cien que se encuentran bajo el hielo antártico. 

Descubierto en 1957 por científicos soviéticos, ha sido incluido en la lista de los hallazgos geográficos más importantes del siglo XX.

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Un grupo de científicos chilenos descubrió la presencia de uranio en un trozo de hieloextraído desde una profundidad de 133 metros en la llamada meseta Detroit en la Antártida, según informa este lunes la página digital de El Mercurio. 

Los expertos creen que estos restos de uranio llegaron desde Australia, y que las partículas fueron transportadas por la propia circulación atmosférica.

Extraído de 133 metros

Los estudios corresponden al proyecto 'CASA, Clima de Antártica y Sudamérica', que realizan los investigadores del Instituto de Cambio Climático de la Universidad de Maine, EE UU; elInstituto Antártico Chileno (INACh) y la Universidad Rio Grande do Sul, de Brasil.

"La presencia de trazas de uranio que precipitaron sobre el continente antártico en 1995 es uno de los secretos develados por un trozo de hielo en forma cilíndrica que fue extraído desde una profundidad de 133 metros", precisó la nota científica. 

Según El Mercurio, la investigación comenzó en noviembre de 2007, cuando extrajeron un testigo de hielo en la meseta Detroit, al norte de la península antártica y a 1.930 metros de altura sobre el nivel del mar.

Aumento de la temperatura

Para el geofísico y glaciólogo del INACh, Ricardo Jaña, un testigo de hielo constituye un muy buen registro del pasado climático de la zona, que está expuesta a los procesos de cambio climático que vive el planeta. 

A comienzos del 2009, investigadores de la Universidad de Washington informaron de que la temperatura de la Antártida aumentó 0,5 grados entre 1957 y 2006.  Asimismo, desde la llamada revolución industrial el promedio global de aumento de la temperatura en la Tierra ha sido de 0,6 grados. 

Según Jaña, la evidencia científica que proporcionan los testigos de hielo "es contundente", y es informativa en cuanto a una serie de fenómenos relacionadas con la dinámica del clima. 

Aseguró que el registro ambiental contenido en los testigos de hielo (trozos) cubre años del pasado que no están registrados en las lecturas instrumentales de observatorios que han sido instalados en diversas partes del mundo.  "En la Antártida, los datos más antiguos climáticos son de 60 años atrás, cuando se instalaron las primeras bases", recalcó. 

Explicó que el análisis de estas muestras involucró un trabajo lento y de largo aliento y que expertos de glacioquímica del Instituto de Cambio Climático de la Universidad de Maine han "desmenuzado" las partes por millón, por billón y ahora por cuatrillón de elementos trazas.

Trazas de uranio en hielo

"Haciendo un número grande de mediciones en cantidades tan pequeñas se logró detectar la presencia de trazas de uranio que, de acuerdo con el nivel en que se encuentra, coincide con un año cuando en Australia aumentó la producción de uranio", detalló el investigador chileno. 

La hipótesis plantea que el material particulado generado poresta actividad minera fue arrastrado por el viento y siguió la trayectoria de la circulación atmosférica similar al sentido de las agujas del reloj hasta llegar y precipitar en la zona de la meseta Detroit. 

El científico concluyó "que la Antártida es hoy una fuente inagotable de mucha información aún por descubrir".

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