Colisiones en el Pacífico
Colisiones de buques de guerra de Estados Unidos en el último año

www.fuerzasmilitares.org (29AGO2017).- El estrecho de Juan de Fuca bordea la isla de Vancouver, separando Estados Unidos de Canadá y adentrándose en el océano Pacífico. En este frío y resguardado pasaje, a escasos kilómetros de la costa, el USS Louisiana, un submarino con capacidad nuclear estadounidense colisión frente a frente con el buque de soporte USNS Eagleview.

Considerado entonces un incidente aislado, ambas naves pudieron volver a puerto con sus propios motores, la Marina estadounidense inició una investigación sobre los motivos. Ha pasado un año desde este choque y la Marina estadounidense ha sufrido otras cuatro colisiones en misteriosas circunstancias. Todas en el Pacífico.

El 31 de enero de 2017, el USS Antietam, un crucero de guerra con misiles guiados chocaba contra el puerto de Yokosuka en Japón, base de la séptima flota norteamericana. Su capitán fue relevado del cargo un mes después.

En mayo de 2017, el USS Lake Champlain, similar al Antietam, colisionó con un barco pesquero coreano cerca de la costa de la península coreana durante operaciones rutinarias. El accidente tuvo lugar bajo una visibilidad reducida, los marineros intentaron comunicarse de puente a puente e hicieron sonar la bocina, pero no pudieron evitar el choque. La marina estadounidense alegó, además de las condiciones de visibilidad, que el pesquero coreano no disponía de GPS.

A estos dos accidentes “menores”, se les sumó la colisión del USS Fitzgerald un mes después. El destructor, de 150 metros de eslora, se estrelló de madrugada con el buque de transporte filipino ACX Crystal a más de 100 kilómetros al sur de su base en Yokosuka, rasgando el casco e inundando los camarotes inferiores. Siete marineros murieron ahogados, y tres de los oficiales al cargo fueron relevados de sus puestos.

El último, el USS John S. McCain. Este destructor, también con base en Yokosuka colisionó con un petrolero de bandera liberiana en el Estrecho de Malacca, cerca de la costa de Malasia. Eran las 5:21 de la madrugada locales y la colisión causó un desgarro en el casco del McCain que inundó de nuevo los compartimentos cercanos con tropas, maquinaria y comunicaciones. Otros siete marineros murieron, al igual que en el accidente del Fitzgerald en junio.

Tras los acontecimientos de este verano, catorce marinos muertos, docenas heridos, Joseph Aucoin, el comandante de la 7ª flota estadounidense, fue relevado del cargo dos días después del accidente del USS McCain. El Vicealmirante había “perdido la confianza en su habilidad para comandar” la flota.

Las casualidades empiezan a acumularse. El Almirante Swift reiteró que no había “indicios de un ciberataque” como en los otros cuatros casos. Pero tampoco determinó negligencia en en los mandos del McCain, como sí lo hizo en el Fitzgerald. La Marina estadounidense no obstante ha ordenado a todos sus navíos que detengan operaciones y realizará una investigación amplia sobre los sucesos.

Aunque desde la Secretaría de Defensa de Estados Unidos se niega tajantemente cualquier tipo de error en los servicios de GPS, y varios de los accidentes han quedado archivados oficialmente como errores humanos, la acumulación de accidentes es preocupante. 

Mar de China Meridional
Mar de China Meridional, zona caliente debido a la superposición de los reclamos territoriales de distintos países de la región.

En un momento donde la seguridad cibernética de los barcos es tan importante como el grosor de sus cascos, se hace imposible desechar la noción no solo de que un grupo enemigo haya sido capaz de sabotear la señal GPS, también de que haya sido capaz de sabotearla sin ser detectado. Los candidatos a sabotear la señal son muchos, China y Rusia principalmente.

Sabotear una señal GPS es técnicamente fácil. Simplemente hay que cambiar los datos recibidos desde los satélites con otros, y la unidad en superficie pensará que está en otro lugar. En alta mar, sin referencias del terreno, es mucho más fácil confundirse.

Todd Humphreys, director del Laboratorio de Radionavegación en la Universidad de Texas de Austin, ha demostrado que se pueden emitir señales GPS falsificadas que poco a poco pueden ir indicando a una nave una posición cada vez más escorada de la real. La tripulación incluso podría detectar el movimiento pero confundirlo con arrastre típico de las mareas. Humphreys demostró los efectos en un yate de 65 metros en el Mediterráneo.

El 22 de junio, el gobierno de Estados Unidos presentó un informe en el que se recogían los testimonios de 20 barcos en el Mar Negro cuyas unidades de GPS les indicaban estar 32 kilómetros tierra adentro. Los expertos piensan ahora que fue el primer caso de señal GPS saboteada, y así ha sido calificado por el Departamento de Transporte del país, como una “interferencia en la señal GPS”.

El sistema GPS depende de las decisiones del gobierno de Estados Unidos, sean políticas, militares o diplomáticas. En sus inicios estaba programado con la capacidad para ser desactivado de forma selectiva sobre áreas concretas, para evitar que tropas enemigas lo utilizasen. Esta opción fue eliminada por Bill Clinton, debido a una dependencia civil cada vez mayor de estos sistemas. A pesar de ello, la UE, China y Rusia, entre otros, siguieron adelante con sus propios sistemas de geoposicionamiento.

Esta realidad no evita que estos sistemas no puedan ser desactivados con armamento digital capaz de desactivar satélites desde la superficie en caso de conflicto armado, así como de afectar a las señales que envían. En caso de guerra marítima, y con el Mar de la China Meridional como punto caliente mundial, cualquier opción queda abierta en etapas de pre-conflicto y conflicto.

 

(lavanguardia.com)