El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llamó hoy al presidente electo egipcio Mohamed Morsi y le prometió que Estados Unidos seguirá apoyando la transición en el país árabe.

Al expresar sus felicitaciones a Morsi, quien como candidato de la Hermandad Musulmana de Egipto fue declarado hoy el ganador de la segunda vuelta presidencial, Obama destacó que "Estados Unidos seguirá apoyando la transición de Egipto hacia la democracia y apoyará al pueblo egipcio mientras cumple la promesa de su revolución".

Obama "enfatizó su interés de trabajar junto con el presidente electo Morsi, con base en el respeto mutuo, para avanzar en los múltiples intereses compartidos entre Egipto y Estados Unidos", dijo la Casa Blanca y señaló que ambos afirmaron su compromiso con avanzar la relación Estados Unidos-Egipto.

El presidente electo de Egipto, Mohamed Morsi, dijo hoy por la noche, durante su primer discurso televisado, que respetará todos los acuerdos internacionales y que quiere paz, luego de haber sido declarado oficialmente el ganador de la elección presidencial.

"Nosotros trabajaremos de forma ardua para salvaguardar la seguridad de Egipto ... Nosotros respetaremos todas las convenciones y los acuerdos internacionales. Le hemos dicho al mundo que nosotros queremos paz", dijo Morsi.

"Nosotros formaremos relaciones muy equilibradas con todas las fuerzas internacionales. Habrá equilibrio entre nosotros y todos los demás países con base en los intereses comunes y el respeto mutuo. Intentaremos tratarlos de forma igualitaria", dijo el ganador presidencial.

Morsi señaló que Egipto no interferirá en los asuntos de otros, ni permitirá que nadie interfiera en sus asuntos internos.

Por Helene Cooper y Mark Lander  | The New York Times

WASHINGTON.- En un nuevo intento de poner fin a más de un año de derramamiento de sangre en Siria, el presidente estadounidense, Barack Obama, impulsará la salida del poder de Bashar al-Assad con una propuesta que toma como modelo la transición de Yemen, otro país árabe golpeado por la violencia.

El plan convoca a un acuerdo político negociado que dejaría satisfechos a los grupos de oposición siria, pero que prevé que algunos elementos del gobierno de Al-Assad sigan en el poder. El objetivo es lograr una transición parecida a la de Yemen, donde después de meses de violenta agitación social, el presidente Ali Abdullah Saleh aceptó renunciar y entregar el control del país a su vicepresidente, Abdu Rabbu Mansour Hadi, a través de un acuerdo gestionado por los países vecinos de Yemen. Aunque luego fue elegido en una votación sin oponentes, Hadi es considerado un líder de transición.

El éxito del plan depende de Rusia, uno de los aliados más incondicionales de Al-Assad, que hasta ahora se opuso férreamente a su destitución.

El año pasado, Rusia bloqueó todas las acciones directas propuestas por el Consejo de Seguridad de la ONU contra Al-Assad, al argumentar que conducirían a su derrocamiento por la fuerza y a la clase de desenlace sufrido por Muammar Khadafy en Libia, quien fue asesinado, o por el ex presidente egipcio Hosni Mubarak, quien fue encarcelado y llevado a juicio. Pero Rusia enfrenta fuertes presiones internacionales para que utilice su influencia para lograr la salida de Al-Assad, mientras en Siria las matanzas no dan tregua.

El ejemplo de Yemen ha sido debatido ampliamente en Moscú, a tal punto que incluso en Estados Unidos esa alternativa ya se conoce como "la variante Yemenskii", utilizando la palabra rusa. En parte, ese debate refleja la desesperación de los rusos por solucionar la crisis en Siria, donde, según la ONU, miles de civiles murieron desde el comienzo de las protestas, en marzo del año pasado.

Según funcionarios del gobierno norteamericano, Obama presionará con su propuesta al presidente ruso, Vladimir Putin, durante su encuentro del mes que viene, el primero desde que Putin volvió a ocupar la presidencia.

Cuando Obama sacó el tema con Dimitri Medvedev en la reciente reunión del G-8 en Camp David, el primer ministro ruso pareció dispuesto a aceptarlo, según funcionarios norteamericanos, y habría señalado que Rusia prefiere esa opción a otras transiciones que ocurrieron en los levantamientos árabes.

En una región convulsionada por los levantamientos políticos, los líderes de Rusia temen que Siria sea su último bastión de influencia. Siria es la principal aliada de Rusia en Medio Oriente, sede de una base naval rusa y depositaria de ingentes inversiones rusas en petróleo y gas. Siria es también uno de los principales socios comerciales y compradores de armas de Rusia.

PROBLEMA

"Para los rusos, a esta altura Al-Assad es más un problema que otra cosa", dijo Dimitri K. Simes, experto en asuntos rusos y presidente del Centro de Intereses Nacionales, en Washington. "Pero a Putin no le gusta que sus clientes vayan cayendo uno por uno a mano de Estados Unidos, y para él Al-Assad es eso, un cliente."

"Para Washington, el aspecto más importante del modelo de transición yemenita es que se acepta desde un primer momento que el líder -en este caso, Al-Assad- se irá", dijo Robert Malley, jefe de Medio Oriente del Grupo de Crisis Internacional.

"Para Moscú, el rasgo más importante es el apoyo a un proceso muy gradual que preserve las estructuras básicas del régimen, durante el cual el líder no sea corrido a las patadas sin más ni más", añadió.

El principal problema del modelo de la transición yemenita, según varios expertos, es que Yemen y Siria son países radicalmente distintos. En Yemen, Saleh se ha mantenido al mando durante tres décadas gracias a haber conciliado intereses contrapuestos a través de un complejo sistema de patronazgo. Cuando su autoridad se derrumbó, había un vicepresidente, Hadi, que fue capaz de garantizar un control suficiente sobre las divididas fuerzas de seguridad de Yemen.

En Siria, por el contrario, Al-Assad está al mando de un Estado policíaco en el que los alauitas -secta a la que pertenece- temen que si la familia de Al-Assad es derrocada, serán perseguidos hasta la aniquilación a manos de la mayoría sunnita. Por tal motivo, el gobierno mantuvo una notable cohesión interna. Aunque Al-Assad -con una posición menos vulnerable que Saleh- se vaya, admiten funcionarios norteamericanos, no hay un candidato natural para reemplazarlo.

Traducción de Jaime Arrambide

La nacion

Al menos una persona perdió la vida y otras tres resultaron heridas en dos nuevos ataques contra templos cristianos en Nigeria. El número de víctimas podría aumentar en las próximas horas, puesto que aún se desconoce el alcance del segundo ataque, registrado esta mañana en la localidad de Jos, capital del estado de Plateau, en el centro de Nigeria. 

El comisario de la Policía provincial de Plateau, Emmanuel Ayeni, confirmó la explosión en el templo de la Iglesia Elegida de Dios, que fue atribuido a un terrorista suicida. 

Por otra parte, cuatro hombres armados irrumpieron hoy en la iglesia de Biu, en el Estado de Borno (norte) durante la misa dominical, matando al menos a una persona e hiriendo a otras tres, informó la Policía provincial de Borno. 

"El ataque se produjo en la mañana de hoy cuando cuatro jóvenes abrieron fuego en el interior del templo", explicó a los periodistas el comisario de la Policía estatal de Borno, Bala Hassan. 

El ministro de seguridad interna de Kenia murió el domingo junto con otras cinco personas en un accidente de helicóptero cerca de Nairobi, la capital, informó el vicepresidente.

El ministro George Saitoti y su asistente están entre los muertos por el accidente del helicóptero de la Policía, que se estrelló en las afueras de la capital, dijo el vicepresidente Kalonzo Musyoka.

Un reportero de The Associated Press vio los restos calcinados de las víctimas esparcidos en un bosque cerca de Nairobi.

El primer ministro Raila Odinga dijo en la sitio del accidente que la muerte de Saitoti es "una gran tragedia que le ha ocurrido a nuestro país en momentos en que estamos preparándonos para realizar elecciones pacíficas".

No fue clara de inmediato la causa del accidente. La Policía acordonó el lugar y dijo que estaba investigando.

Saitoti, un economista y matemático que estudió en Estados Unidos, era una de las figuras más conocidas de la política en Kenia. Durante más de una década fue vicepresidente en el gobierno del presidente Daniel arap Moi.