Los restos óseos de 17 víctimas del accionar de grupos de autodefensa en los departamentos de Cesar y la Guajira serán entregados este viernes a sus familiares por laSubunidad de Exhumaciones de la Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y la Paz.

Se trata de los restos de una mujer y 16 hombres, cuyas edades oscilaban entre los 20 y los 76 años. En estos 17 casos 12 personas fueron víctimas de desaparición forzada, dice el comunicado de prensa del organismo acusador.

Las víctimas están identificadas como: Agustín Herran, Benjamín Suárez Flórez, Berna Esther Ospino Nisat, Carlos José Cuello Daza, Cristobal Marín Rueda, Ermides Domínguez Chacón, Héctor Julio Sánchez Cáceres y Óscar Emilio Sánchez Cáceres.

La Policía Metropolitana de Bogotá confirmó que uno de los hombres que habría participado en la violación y asesinato de Rosa Elvira Cely, fue identificado gracias al testimonio que entregó la mujer minutos antes de morir.

"La persona identificada no está detenida porque hasta el momento no existen pruebas en su contra. Sin embargo, existen evidencias, gracias a la inteligencia técnica y a testimonios, que certifican que ese sujeto estuvo con Rosa Elvira minutos antes del ataque", señaló el general Luis Eduardo Martínez.

Así mismo, el comandante de la Policía de Bogotá hizo un llamado a los compañeros de estudio de la víctima para que le cuenten a las autoridades detalles de quiénes estaban con ella en la noche del miércoles 23 de mayo.

Las autoridades continúan con las investigaciones para lograr la captura de este hombre, quien habría tenido la ayuda de un cómplice.

Rosa Elvira Cely murió en el Hospital Santa Clara, cuatro días después de ser encontrada en el Parque Nacional de Bogotá violada y torturada. Rosa fue encontrada desnuda de la cintura para abajo, con el cuello hinchado, una puñalada en la espalda y algunas otras heridas en el cuerpo. Minutos antes había alcanzado a llamar a la policía a pedir una ayuda que, al parecer, no llegó a tiempo.

Antes de subir a la ambulancia Rosa alcanzó a narrar cómo después de una noche de tragos, se montó en la moto de un conocido, quien luego la golpeó con un casco en la cabeza. Al llegar al hospital la mujer sufrió un paro cardiaco. No pudo volver a modular palabra; cuatro días después murió por una peritonitis y su cuerpo comenzó a hablar.

La infección intraabdominal vino por destrucción de sus intestinos; a Rosa le introdujeron un objeto por el ano, posiblemente una rama, que acabó además con su útero sus trompas de Falopio. En sus intestinos se encontraron rastros de barro, hierba y de madera.

Al conocer estos detalles, Miguel Mendoza Luna, profesor de la cátedra Asesinos en serie y Asesino de masas, de la Universidad Javeriana, y también autor del libro “Asesinos en serie: perfiles de la mente criminal”, explica que la características de este crimen dejan ver que fue un ataque intempestivo por parte de un asesino ‘desorganizado’ (concepto del FBI) y primerizo, “quizá contempló la hora y las circunstancias pero es evidente que improvisó. No le quitó el celular y utilizó objetos del lugar como la rama y seguramente no tenía muy claro cuál sería el desenlace, además, se atrevió a atacar a una víctima que lo conocía corriendo el riesgo de ser identificado”.

Retornar a Puerto Rico (Meta) fue un ejercicio liberador para el sargento José Libardo Forero y los intendentes Carlos José Duarte, Jorge Trujillo Solarte, Jorge Humberto y Wilson Rojas Medina. 13 años después, regresaron al lugar donde fueron secuestraron por las Farc y recordaron junto al ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, los pormenores de los que sin duda fueron los peores días de su vida.

A primera hora del 10 de julio de 1999 cerca de 2 mil guerrilleros de los frentes 16, 27 y 43 de las Farc despertaron a los pobladores de Puerto Rico (Meta) a punta de disparos y tatucos. En cuestión de minutos los 36 uniformados que custodiaban la población vieron cumplidas sus peores pesadillas. Meses atrás se habían producido las tomas de El Billar (Caquetá), Mitú (Vaupés) y Miraflores (Guaviare). Y ahora Puerto Rico era el epicentro de uno de los ataques más cruentos de los que se tenga memoria. Durante 50 horas la Fuerza Pública resistió como pudo el embate de los ilegales. Pero al amanecer del 12 de julio se acabó la munición y los uniformados quedaron a merced de los guerrilleros.

Cinco uniformados y dos civiles perdieron la vida. Otros 29 policías fueron plagiados. Dos años después, el 28 de junio de 2001 y en el marco del canje humanitario que celebraron las Farc y el Gobierno de Andrés Pastrana, 22 de los raptados fueron liberados. Pero en la selva quedaron los que en ese momento comandaban la estación: el sargento José Libardo Forero y los intendentes Carlos José Duarte, Jorge Trujillo Solarte, Jorge Humberto Romero y Wilson Rojas Medina. Permanecieron en cautiverio 13 años hasta que el pasado 2 de abril fueron liberados por la guerrilla de las Farc.

En cumplimiento de las instrucciones impartidas por el Presidente de la República, Juan Manuel Santos, y el Ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, para intensificar los resultados operacionales contra los grupos al margen de la ley, la Policía Nacional realizó tres acciones simultáneas contra las bandas criminales y el terrorismo en los Llanos Orientales, el Magdalena Medio y el Valle del Cauca.

Inicialmente, la Dirección de Investigación Criminal e Interpol (DIJIN), mediante el hallazgo de un gigantesco arsenal en San Martín (Meta), constató cómo ante la captura secuencial de varios de los principales colaboradores de Daniel “El Loco” Barrera, este individuo, por quien el Gobierno ofrece hasta 5.000 millones de pesos de recompensa, selló una nueva alianza con los miembros del ERPAC que no se sometieron a la justicia y que además de permanecer prófugos, optaron por regresar al narcotráfico, el homicidio y la microextorsión.

Esta unión temporal para delinquir, orquestada por “El Loco” Barrera, busca garantizar que ante la ausencia de fichas clave como “Runcho”, “Maradona” y buena parte de su plataforma de transportadores y pilotos, siga fluyendo el tráfico de estupefacientes desde los Llanos Orientales hacia la frontera con Venezuela, para posteriormente despachar los cargamentos de cocaína rumbo a Centroamérica y Estados Unidos.