A mediados de febrero de 2007, cuando el Consejo de Defensa Nacional de Venezuela, basado en un conocido juego o escenario de guerra llamado Guaicaipuro, recomendó activar y ejecutar planes militares para neutralizar eventuales ataques de potencias extranjeras y de países vecinos, pocos imaginaron que un año después pasarían de la ficción a los hechos. Eso fue lo que hizo el presidente Hugo Chávez al ordenar el desplazamiento hacia la frontera colombiana de 10 batallones y el despliegue de toda la Fuerza Aérea.

Según el juego de guerra, tres días le bastarían al Ejército venezolano para tomarse La Guajira y parte considerable de áreas estratégicas establecidas en el llamado Teatro de Operaciones.

El Guaicaipuro también preveía que las Farc, consideradas beligerantes y reconocidas por Venezuela, formarían un gobierno paralelo y solidario con Caracas. Además, contempla la asistencia militar de Ecuador en el sur del país y de Nicaragua en el Caribe con quienes Venezuela pretendería efectuar un control territorial sobre el centro del país, incluyendo Bogotá.

En uno de los días más negros del año para las Fuerza Militares colombianas, en menos de 12 horas el Ejército vio morir al Teniente Coronel, Jorge Eduardo Sánchez Rodríguez, comandante del Batallón San Mateo de Pereira, además de un suboficial, seis soldados y los siete tripulantes del avión fantasma, accidentado en el cerro Montezuma, en Pueblo Rico (Risaralda), donde se combate desde las 2:00 de la tarde del viernes.

La muerte del oficial se produjo cuando en compañía de un grupo de soldados se desplazaba en la tarde del viernes a la zona de combate, a prestar apoyo a las tropas que custodiaban las torres de comunicaciones instaladas en el cerro Montezuma atacadas con pipetas de gas, granadas y morteros por más de 200 guerrilleros de los frentes 47 y 9 de las Farc, así como de la cuadrilla Aurelio Rodríguez del mismo grupo.

El oficial murió de un tiro en el pecho que lo alcanzó durante la emboscada tendida por la subversión. Otros cuatro soldados que lo acompañaban también cayeron.

El mando de las operaciones fue tomada en la noche del viernes por el comandante de la Octava Brigada de Ejército, comandante Luis Alberto Ardila, quien en compañía de sus hombres perseguían ayer a los subversivos.