Imagen de archivoLa Fiscalía General de la Nación expidió la orden de captura en contra del coronel Antonio José Ussa y otros tres militares activos por su presunta participación y responsabilidad en los extraños hechos que rodearon la muerte de un campesino que fue presentado como guerrillero abatido en combate.

El militar es investigado pación en los delitos de homicidio en persona protegida, concierto para delinquir y fraude procesal por lo que le fue dictada una medida de aseguramiento preventiva en su contra en establecimiento carcelario.

Los uniformados tendrán que responder por los hechos registrados en noviembre de 2002 cuando el entonces mayor Ussa fungía como comandante del Grupo Gaula del Ejército de la Quinta Brigada en Bucaramanga y se presentó la muerte de dos personas que fueron presentados como guerrilleros del ELN abatidos en combate.

Sin embargo, según los testimonios recolectados los tres hombres, que al parecer eran consumidores de droga y habitantes de la calle quienes fueron retenidos por los militares y trasladados a un lugar conocido como Macanillo en el municipio Palmas del Socorro.

Las pruebas recolectadas permitieron inferir que estas personas habrían sido golpeadas y luego dos de ellos recibieron un disparo en la frente que les causó la muerte, para luego presentarlos como guerrilleros abatidos en el marco de un combate.

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Unidad de Exposivos y Demoliciones, EXDEAquel 9 de junio de 2012, el Cabo Tercero Javier Martínez, orgánico de la Fuerza de Tarea Apolo, se había levantado como de costumbre a las cuatro de la mañana para iniciar sus labores diarias, para él a esa hora empieza su rutina como soldado de Colombia. Ese día, tal como se lo había enseñado su madre, realizó sus oraciones para dar gracias a Dios por las bendiciones recibidas y para ofrecer su trabajo en acción de gracias.

Ese sábado transcurría con normalidad, hasta que a eso de las diez de la mañana, sonó su radio de comunicaciones, solicitando su presencia junto con los demás integrantes de su compañía, tendrían que salir a apoyar la seguridad en la carretera que conduce al municipio de Caloto, se había denunciado la presencia de un vehículo sospechoso atravesado en la vía y ellos serían los encargados de custodiar al grupo EXDE de la Unidad.

Pasaron unos 15 minutos desde el momento de la llamada y la salida de la Unidad, rumbo al punto de la misión. El Cabo Martínez recuerda: En el helicóptero que nos dejaría cerca todo era silencio; todos estábamos concentrados en lo que sería algo rutinario pero de mucho cuidado, nuestra misión: velar por la seguridad de los EXDE. 

Llegamos a la carretera, iniciamos el dispositivo, pocos minutos después ingresaría al área los de explosivos y demoliciones rumbo al bus; ya estábamos en nuestra posición, el EXDE iniciaba su arribo, se ubicaban a un kilometro del objetivo para iniciar su trabajo, cuando vimos caer herido a uno de sus hombres y de inmediato sentimos como nos atacaban a nosotros desde lo alto de la montaña.

Nuestro objetivo era velar por la seguridad de ellos, y nada nos podía detener en el cumplimiento de esa misión, todos disparábamos sin saber si acertábamos en los bandidos. 

Pasó un segundo donde mi mente desvió su atención hacia la copa de un árbol, donde algo brillaba, fue ahí cuando vi a un terrorista francotirador apuntando su arma hacia los hombres del grupo EXDE.

Visita oficial del Comandante de la MFOCon motivo de asistir a la ceremonia de despedida del relevo número 100 que partirá hacia la Península del Sinaí a integrar el Batallón Colombia N 3, llegó al país el Comandante de la MFO (Multinational Forces and Observers), el Mayor General Warren J. Whiting.

A su llegada al Comando del Ejército Nacional en Bogotá, el Comandante de la Misión de Paz se reunió con los Altos Mandos de la Institución, y dejó claro su admiración por el comportamiento y la disciplina de las tropas colombianas que se encuentran en Medio Oriente.

De igual manera, el General Whiting, explicó la importancia de la presencia de los hombres del Ejército Nacional en territorio árabe, argumentando que sólo mediante el trabajo desinteresado de sus efectivos como garantes de los acuerdos entre las naciones en conflicto, se han obtenido los resultados esperados en materia de seguridad y prevención.

Prensa Ejército

Imagen de archivoAl considerar que se presentó una negligencia de sus superiores y que los uniformados con contaban con las medidas de seguridad exigidas, el Consejo de Estado condenó al Ejército Nacional que murieron cuando fueron atacados por un grupo armado ilegal cuando se movilizaban en una chalupa que transitaba por el río Caribona, en el municipio de Villa Nueva, Bolívar.

En la decisión se consideró que el hecho se presentó debido a la negligencia del comandante de la patrulla, quien contravino la orden superior de no efectuar desplazamiento de la tropa por ríos de la zona y, además, desconoció todas las medidas de seguridad prescritas en el manual de procedimientos antiguerrilla, que ordenaban dotar al personal de chalecos salvavidas y sogas, entre otros.

El alto tribunal consideró que al momento de la movilización los soldados se encontraban en un estado “precario de seguridad” puesto que se hizo en horas de la noche, en una embarcación civil desarmada, carente de blindaje o protección y sin chalecos salvavidas.

El tribunal de lo contencioso administrativo rechazó los argumentos presentados por el Ejército que argumentó que el daño a la embarcación se presentó debido al ataque de los subversivos y no a la falta de chalecos salvavidas.

En este punto se respondió que debido a que el río era caudaloso y profundo, se ahogaron nueve militares que sabían nadar. “No se previó una alternativa para el regreso de los soldados, en caso de que los motoristas no los esperaran en las chalupas; no se hizo reconocimiento de la zona antes de abordar la embarcación”, indicó.

La pareja asesinada.Un cabo primero del Ejército y su esposa, murieron al parecer a manos de las Farc, en zona rural de Tame, departamento de Arauca. Los dos habían viajado hacia 15 días a la región, donde el suboficial desempeñaba sus labores institucionales.

El cabo primero, Wilmer Perdomo, de 33 años de edad, y su esposa Diana Elena Calderón, de 29, habrían sido retenidos por la guerrilla cuando se desplazaban por zona rural del municipio de Tame, 8 días antes de ser hallados muertos con un tiro de gracia en la nuca y con señales de tortura.

Sus restos eran esperados la noche del sábado en Pitalito, para permanecer en cámara ardiente en la caseta comunal del barrio 7 de Agosto, donde residían y sus exequias se cumplirán en la tarde de este domingo con oficios religiosos en el templo El Espíritu Santo.

La pareja deja un hijo de 7 años, quien había quedado al cuidado de sus abuelos.

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