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Categoría: Colombia

Relato de un piloto de un “Ángel de metal”

www.fuerzasmilitares.org (28NOV2020).-  Sin rodeos y sin matices, salvar vidas es lo más satisfactorio y gratificante que en mi carrera militar he podido realizar... lo soñado, en un poderoso Black Hawk que alguna vez me evacuó... pero esa es otra historia.

En la vida de un piloto de la Fuerza Aérea Colombiana, el deber está por encima de cualquier cosa, retomando las palabras del Coronel Segundo Comandante del Comando Aéreo de Combate No.5, CACOM-5, quien una vez mencionó “una vida no la salva el piloto y su tripulación, la salvan también sus esposas, sus hijos y todo el integrante de la familia aérea que contribuye a que una aeronave pueda volar”, palabras que se quedaron en mi cabeza y extendí a mi esposa, mi hija, mi madre y hermanos. Con esa idea me fui a volar, así salgo a cumplir mi misión, así volé hasta Dabeiba cuando me dijeron que debíamos atender una emergencia debido a la ola invernal que se presenta en el país.

Para mí, es el helicóptero es una extensión de mi cuerpo y cada momento si algo cambia en su comportamiento lo percibo de inmediato, también pensar a dónde vamos a llegar, cómo están las condiciones del terreno, si podemos aterrizar o no para evacuar a las personas que se encuentran en riesgo, esto era lo que más pensaba antes de llegar al área.

Ya en Dabeiba, conociendo más la situación, con más información del escenario y análisis de los riesgos, vamos a la zona afectada por el desbordamiento de los ríos y las inundaciones, el panorama era desconsolador, triste y asombroso, ver cómo la madre naturaleza había consumido completamente un lugar donde minutos antes vivían familias, con sus animales y cultivos, es allí donde pienso en mis seres queridos, imaginándome siendo el afectado por la avalancha y luego escuchar un helicóptero, sería la sensación más cercana a volver a nacer y lograr sobrevivir.

Se evalúa la situación táctica y se recomienda un campo que estaba a unos 200 metros del punto inicial, donde no se afectaría ninguna construcción o vivienda. Llegando al área ya con el pararrescatista en tierra, iniciamos la organización de los evacuados, lesionados, adultos mayores, mujeres y niños primero y así fue, mientras asimilaban la situación y organizaban sus familias viendo cómo un helicóptero volaba sobre ellos y una persona descendiendo de él, los aseguraba y los subían, uno tras otro.

Terminado esta rotación, volvimos a Dabeiba, retornamos al área y con un mejor campo identificado, aterrizamos la aeronave facilitando el embarque de los pasajeros. Allí fue el momento donde la familia Gutiérrez Correa y la familia de toda mi tripulación pasó por nuestras mentes, frente a nosotros y mirando sus rostros, cansados, unos llorando, otros con una sonrisa, pero el factor común era todos en sus manos con lo poco que podían llevar o posiblemente con lo único que les quedaba, vi pasar bebes de la edad de mi hija, mujeres de la edad de mi esposa y señoras de la edad de mi madre, también habían personas que no soltaban sus perritos, un caso específico que recuerdo fue una señora con 4 perros, no salía del área si no llevaba a sus mascotas, para ella eran sus hijos y así, 12 más fueron rescatados con sus respectivos dueños.

Algo que me dolió mucho, fue la historia de un abuelo que salió en la última rotación, antes de sacar a los bomberos que llevaban desde la noche anterior trabajando, se acercó a un tripulante y nos dijo que si lo podíamos volver a llevar, que él guiaba a los bomberos para que ayudaran a sacar a su familia que había quedado bajo los escombros, qué dolor…

Con toda la fortaleza fuimos al área nuevamente pero ya estaba de noche y las labores de búsqueda iban a parar, las unidades de rescate debían descansar, sin embargo continuaron horas más tarde.

Durante la noche fuimos la única aeronave volando, seguíamos con la búsqueda, con la tripulación concentrada y lo más importante con la intención de salvar las vidas que más pudiéramos.

Como resultado, logramos rescatar 105 habitantes del sector y 16 mascotas, al día siguiente nos informaron que hubo muchas personas que lograron salir vía terrestre junto con personal de bomberos y líderes comunitarios, eso nos dio mucha tranquilidad.

Retornando a la casa, mi casa, la de mis “Halcones Valientes”, pasaban por mi todas esas historias de vida que cambiaron en cuestión de minutos y luego, lograron volver a soñar, gracias al trabajo de un ‘Ángel’ de metal que Dios les envío.
A mi familia, gratitud infinita, por llenar mi espíritu, mi mente y mi corazón de fortaleza, gallardía y serenidad, lo que me lleva a tomar las mejores decisiones en las misiones de vuelo.

Somos una familia, la gran familia aérea y desde nuestros hogares y el trabajo que hacen el chef, ayudantes de cocina y personal de servicios generales, entre otros, quienes mantienen el buen estado nuestras casas, todo este mérito tiene un nombre y se llama CACOM-5, a todos un agradecimiento por hacer parte de este engranaje que nos permite cumplir la misión, que orgullo tan grande pertenecer a la “Casa de los Halcones Valientes.

 

(fac.mil.co)